Venezuela: un pequeño paso para Trump, un gran salto para el imperialismo.

Venezuela: un pequeño paso para Trump, un gran salto para el imperialismo.

Sección: Geopolítica

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Publicado el 03/01/2026 — Por Marco Gutiérrez @marcomx4t
“Nosotros vamos a gobernar Venezuela... y vamos a enviar nuestras empresas petroleras para extraer toda la riqueza del subsuelo” —Salió Trump a declarar en rueda de prensa esta mañana, apenas unas horas después de que las fuerzas armadas de EE.UU. invadieran el país sudamericano bombardeándolo y secuestrando a su presidente. Primero que nada, dejo ante ustedes la sugerencia más importante que puedo dar a todas y todos aquellos lectores, a opinólogos, a indiferentes, a simpatizantes y opositores de la Revolución Bolivariana, a quienes son apartidistas, a quienes se dicen “apolíticos”, a quienes son aspiracioncitas de la cultura estadounidense, a quienes son de derechas, de izquierdas y del centro imaginario: El peor error sería abordar el tema desde el ángulo al que nos quieren desviar. La cuestión no se trata de Nicolás Maduro y su mal o buen gobierno, de si debía irse o permanecer, de si Trump está loco o es sólo un radical muy peculiar, sino de la vigencia real del imperialismo y su amenaza de avanzar a toda prisa para su nueva expansión. LA VIGENCIA DEL IMPERIALISMO Y SU DESTAPE OFICIAL A lo largo de la historia han existido grandes imperios —Roma, Persia, China, los califatos, etc.— que expandieron su poder por la fuerza y establecieron jerarquías entre el centro (del imperio) y la periferia (del mundo). Los imperios antiguos conquistaban territorios para controlarlos, no aún para insertarlos en una maquinaria global de producción y extracción. ¿Y cuándo nace entonces el imperialismo moderno? Cuando la dominación deja de ser solo territorial y se convierte en una forma de ordenar el mundo, asignando a cada región un papel desigual dentro de la economía. Ese salto ocurre con la expansión colonial europea a partir del siglo XV. Época en la que América, África y Asia fueron conquistadas y reconfiguradas para servir a un sistema económico que concentraba la riqueza en Europa. La esclavitud y el extractivismo fueron los engranajes centrales de esa economía mundial naciente, en el que las colonias proveían esclavos y recursos naturales, y Europa se quedaba con toda la riqueza. Con la Revolución Industrial, el sistema comenzó a necesitar materias primas baratas, mercados cautivos y territorios subordinados, con lo que, a partir de ahí, el imperialismo dejó de ser sólo una ambición política y se transforma en una condición de supervivencia del sistema capitalista. Durante el siglo XX, tras las dos guerras mundiales, la nueva repartición del mundo, los procesos de independencia (descolonización) y el surgimiento de las nuevas potencias, el imperialismo siguió evolucionando. La dominación dejó de aplicarse mediante la administración de colonias, pero resurgió con la dependencia económica, el control de la deuda, el derecho internacional, los tratados internacionales y demás instituciones que controlan las potencias para imponer reglas a su favor. Tradicionalmente, el imperialismo siempre ha optado por utilizar un discurso moral para supuestamente justificarse: derecho del vencedor, orden natural, misiones civilizatorias, estabilidad, modernización y progreso, democracia… Recientemente los Estados Unidos de América decidieron utilizar de pretexto la lucha contra el narcotráfico. Pero con la conferencia de prensa que dio hoy el presidente de nuestro vecino país del norte, la tradición se ha roto, y fuera máscaras. Donald Trump ha revelado frente a las cámaras y ante todo el mundo, que el interés del gobierno estadounidense en Venezuela es, y siempre ha sido, apoderarse del recurso natural más preciado del pueblo venezolano: su petróleo. VIENE POR NOSOTROS El imperialismo —la política internacional del saqueo. La violencia convertida en modo de administración (de un mundo que nació sin propiedad)—, es el sistema más brutal de creación y sostenimiento de desigualdad entre los pueblos. Dan asco —y malditos sean— todos aquellos Estados y cúpulas económicas que, por su poder militar y económico, creen que tienen derecho de apropiarse del mundo, de destruir soberanías, de esclavizar pueblos, de invadir naciones y mandar sobre ellas, de condenar a millones de personas generación tras generación a una vida sin dignidad. Y viene por nosotros… Venezuela no es sólo un caso aislado que veremos pasar de lejos a través de redes sociales. Ese país encabezó durante muchos años la lista de los intereses voraces de Estados Unidos por ser el territorio con más reservas petroleras en el globo terráqueo, pero esta invasión militar a nuestros vecinos es apenas el primer asomo de una amenaza real. No lo digo especulando, basta con detenerse unos minutos para buscar en el teléfono móvil la rueda de prensa de Trump y verlo parado en su estrado, sintiéndose dueño del mundo, yendo a la fuerza por lo que creen es propiedad del imperio, descartando para un nuevo gobierno a su aliada venezolana Corina Machado, amenazando a Colombia de ser el siguiente, mencionando que Cuba también está en la mira... ¿Y México? Lo mismo, date una vuelta en tu móvil, verás las amenazas directas, verás la estrategia, el discurso que ya ha insertado en la conversación internacional: el fentanilo, el narco, el narco elevado a la categoría de terrorismo, su nuevo documento de seguridad nacional. Primero vinieron por los comunistas, y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los iraquíes, y yo no dije nada porque no era iraquí. Después vinieron por los venezolanos, y yo no dije nada porque no era venezolano. Luego vinieron por toda Sudamérica, y yo no dije nada porque soy de Norteamérica. Luego vinieron por mí, y ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí.