Un imperialismo consecuente
Sección: Geopolítica
Publicado el 03/01/2026 —
Por Teofilo Guerrero
@teofiloguerreromanzo
En columnas anteriores había escrito sobre el fin del orden basado en reglas impuesto por Estados Unidos y sus aliados después de la segunda guerra mundial, con la aprobación entre dientes del naciente bloque soviético. Y no es que este orden funcionara de manera integral y respetuosa, los países del mundo podían observar cómo se fabricaban argumentos para invadir países de manera más o menos pudorosa, y de los dos lados: Estados Unidos en Guatemala, y la URSS en Praga o Afganistán.
El principio del fin de ese régimen comenzó después del 11 de septiembre de 2001, cuando George Bush alineó a sus aliados en torno de un “argumento” bastante cuestionable: Irak tiene armas de destrucción masiva, mentira defendida por Europa y a la que se sumó incluso con tropas.
Siguió el fracaso yanqui en Afganistán, el surgimiento del Estado Islámico, el recrudecimiento de la invasión Israelí en Palestina… Ni la ONU, ni Europa se manifestaron de manera contundente en contra de la avanzada norteamericana que nunca cedió espacio a la cordura y al derecho. Esto trajo consecuencias para América Latina también: los golpes de estado disfrazados de juicios políticos en Paraguay, Perú, el lawfare a candidatos, presidentes y políticos, y la cereza del pastel, en 2024; envalentonado por el apoyo de la derecha norteamericana, el junior nacido en Florida Daniel Noboa, convertido en presidente de Ecuador gracias a su dinero, ordenó entrar a la embajada de México para capturar al político Correísta Jorge Glas, al que el gobierno Mexicano otorgaba asilo político, el caso, presentado por nuestro país ante la Corte Internacional de Justicia, aún no tiene una resolución. No era un buen precedente para nuestra América.
Con la llegada de Trump por segunda vez a la Casa Blanca se reactivó la Doctrina Monroe con un corolario explícito del presidente: vamos por América Latina.
La madrugada del 3 de enero un comando norteamericano, apoyado por fuego aéreo, capturó en Caracas al presidente Nicolás Maduro, con una tibia respuesta de varios gobiernos latinoamericanos, algunos organismos internacionales, y la ONU misma, que con este hecho prácticamente se despide del concierto internacional de manera vergonzosa y patética.
El cobarde ataque del criminal juzgado Donald Trump a Venezuela constituye un mazazo definitivo al orden del derecho internacional, y por la fuerza intentará conservar algo del poder que le queda en el hemisferio mientras Europa se convierte en convidada de piedra en espera de que el imperio decida su futuro: convertirla en una fuerza beligerante contra Rusia, o en un parque temático del pasado colonial de Occidente.
El imperialismo es consecuente con sus fines, deseos y objetivos, nos lo advirtió desde 2001 y en América Latina, por ejemplo, nunca supimos consolidar un frente común que bien pudo haber arrancado durante la cumbre de las Américas en Mar del Plata… pero no fue. Hoy comenzamos a pagar las consecuencias.
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