Se paga una buena historia, aunque no sea cierta. El caso de Raymundo Riva Palacio
Sección: Opinión
Publicado el 07/01/2026 —
Por Andrés Segovia
Si hay un ejemplar, o un grupo de ejemplares, de un periodismo literario que ha entendido muy bien que en política hay que “saber vender una historia”, seguramente se encuentra en la nómina del periódico Reforma. Aguilar Camín, Riva Palacio, Zuckerman, Gil Zuarth y Krauze son algunos representantes talentosos de este movimiento: desarrollar un argumento de fantasía a partir de alguna situación política real, para acompañarlo con un esquema de conexiones narrativas arriesgadas, que no necesitan probarse por pertenecer —según ellos— al género de la ficción.
Poco importa que adviertan a sus lectores que lo que hacen es especulación, que no les consta, que no hay pruebas, que no se ha buscado contrastar, comparar o hacer triangulación metodológica, ni siquiera plantear que se trata de una hipótesis no probada. Las historias de ficción no requieren estos cuidados. Para su mala suerte, ellos publican en plataformas que dicen tener un compromiso con la realidad y la verdad, y profesionalmente deberían estar constreñidos por esos mandatos éticos.
La reciente crisis de intervencionismo imperialista en América Latina por parte del gobierno de Donald Trump, representante de la potencia militar número uno del mundo, y la participación que tuvo Riva Palacio en sus comentarios al respecto, nos lo confirman. Para él, la intervención imperialista que secuestra a Nicolás Maduro en el territorio soberano de Venezuela es una demostración de que Estados Unidos está ganando la batalla por la verdad, ¿contra Andrés Manuel López Obrador?
Riva Palacio sostiene que la detención de Nicolás Maduro no fue un secuestro ni una acción imperialista arbitraria, sino el desenlace de una operación negociada durante años entre Estados Unidos y sectores del régimen venezolano, motivada por acusaciones judiciales de narcotráfico y no por razones ideológicas. En ese marco, presenta a Andrés Manuel López Obrador como un aliado político consciente de Maduro, cuya defensa pública del líder venezolano —amparada en el principio de la no intervención— revelaría una afinidad operativa y no solo discursiva.
Bajo esta lectura, la caída de Maduro se convertiría en un golpe indirecto contra el expresidente mexicano y, potencialmente, contra el proyecto político de la llamada 4T, al quedar expuesta una red de complicidades regionales que Estados Unidos buscaría desarticular en nombre de su seguridad nacional y hemisférica.
Así es. Pudo interesarse por relatarnos si era verosímil o no que esta querella jurídica sobre mandatarios de gobiernos populares que son también narcotraficantes pudiera sostenerse; pudo interesarse por especular sobre el papel condicionante que juegan Rusia y China a la distancia; pudo explicarnos cuáles son las posiciones políticas en tensión para gestionar el conflicto en Venezuela, etcétera. Pero todo aquello que cuestione la presencia omnipotente de Estados Unidos estorba, y todo lo que aleje las interpretaciones del cuento de los presidentes narcos resulta inútil.
Es muy hábil —hay que concedérselo— para convertir uno de los fenómenos más complejos de la ciencia política, particularmente de la geografía política, en un cuento breve sobre el “todopoderoso” Estados Unidos contra el “pobrecito” expresidente AMLO. Más de algún ingenuo le compra la ficción; muchos de ellos buscan justamente eso: el siguiente volumen de su serie novelada, en la que se les confirma que AMLO, el que “verdaderamente” manda —aunque esté retirado—, está perdiendo su poder y, como buen villano (imaginario), pronto será derrotado.
Quienes seguimos la cronología de la animadversión de Riva Palacio hacia AMLO sabemos que debe tener sus razones para no sentir agrado por él, ya que en su momento fue señalado como “mentiroso” y “Pinocho de la semana” en la conferencia matutina del Gobierno Federal, La Mañanera.
Como recomendación bien intencionada, y para que Riva Palacio pueda superar su enfrentamiento (imaginario) con un exmandatario que ha existido mediáticamente solo en dos publicaciones durante más de un año, y con ánimo de resolver su conflicto personal —psicológico, más bien—, si lo que se busca es quitarse la etiqueta de “Pinocho”, sería bueno comenzar por practicar un periodismo orientado a la verdad y a la investigación.
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