México: país destino… aunque no lo haya decidido

México: país destino… aunque no lo haya decidido

Sección: El Gobierno de la 4T

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Publicado el 23/12/2025 — Por Amaury Sánchez
Durante décadas México fue país de paso. Una sala de espera incómoda rumbo al norte. Hoy ya no. Hoy es la sala… y el destino. No porque así lo haya planeado el Estado Mexicano, sino porque Estados Unidos decidió cerrar la puerta y empujar el problema hacia el sur, como quien barre el polvo debajo del tapete ajeno. El endurecimiento de la política migratoria estadounidense desde el inicio del segundo mandato de Donald Trump no detuvo la migración. Solo la estacionó en México. El dato es demoledor: 66% de los migrantes que no lograron cruzar a Estados Unidos ya considera a México como su lugar de destino. No como plan B romántico, sino como única opción posible. Y SIGUEN LLEGANDO . No hay cifras exactas —nunca las hay cuando el Estado pierde el control—, pero los indicadores son suficientes para entender la magnitud del fenómeno. Entre 2021 y septiembre de 2025, más de 527 mil extranjeros solicitaron refugio en México. En los primeros nueve meses de 2025, 58,800 personas pidieron asilo, prácticamente lo mismo que el año anterior. Chiapas, Tabasco, Veracruz y la Ciudad de México concentran más de la mitad de los trámites. No por casualidad, sino por saturación. México dejó de ser solo país de tránsito. Es país de destino… aunque nadie haya firmado el acta de nacimiento de esa decisión. El Estado que firma tratados… pero no los cumple, México presume en foros internacionales su compromiso con los derechos humanos y el asilo. Firma convenciones, levanta la mano, sonríe para la foto. En la práctica, la historia es distinta. El principio de no devolución, piedra angular del derecho internacional para personas refugiadas, se viola de manera reiterada. No lo dice un panfleto activista: lo señalan juristas, universidades y organizaciones que documentan devoluciones aceleradas, detenciones arbitrarias y un Instituto Nacional de Migración que actúa más como policía de tránsito que como autoridad garante de derechos. Hasta 2022, quien solicitaba refugio recibía una constancia que lo protegía legalmente mientras se resolvía su caso. Luego vino la genialidad burocrática: el sistema de citas. Citas a tres o seis meses para iniciar un trámite que, en teoría, debía comenzar de inmediato. En ese lapso, el solicitante no era nada: ni regular, ni protegido, ni invisible… solo vulnerable. Los agentes migratorios rompían papeles, los desestimaban o simplemente los expulsaban. En 2023, la COMAR dejó incluso de expedir constancias. Ahora basta con “estar atento al correo electrónico”. Una política pública basada en la esperanza digital. EL LIMBO COMO POLÍTICA MIGRATORIA El otro termómetro del fracaso es la Tarjeta de Visitante por Razones Humanitarias. En 2022 se otorgaron más de 131 mil. En 2023, una cifra similar. En 2024… apenas 4,138. No es una reducción: es una demolición administrativa. ¿Resultado? Miles de personas atrapadas en un limbo legal: no pueden trabajar formalmente, no pueden acceder plenamente a servicios, y tampoco pueden invocar el principio de no devolución. México no los integra, pero tampoco los deja ir. Los administra mal. Y, aun así, pese al desorden, algunos datos incomodan a los que gritan “invasión”. Con apoyo de la ACNUR, 115 mil personas han sido integradas a ciudades mexicanas, trabajando en más de 650 empresas. Pagan impuestos. Más de 275 millones de pesos al año. No colapsaron el mercado laboral. No desplazaron a nadie. Ocuparon vacantes que los mexicanos no están ocupando. El problema no es el migrante. El problema es la ausencia de Estado. Del miedo social a la realidad. El discurso del miedo es fácil: “nos quitan empleos”, “saturan servicios”, “aumenta la inseguridad”. El dato es incómodo: México tiene más de un millón de vacantes sin cubrir. El dato es peor: 80% de los migrantes encuestados en 2025 afirma que su vida correría peligro si regresara a su país. No salieron por deporte. Salieron huyendo. El perfil también cambió. Ya no son solo familias completas. Hoy más de la mitad viaja sola, adultos que llegan sin red de apoyo, sin papeles, sin claridad. Menos niños, sí. Más soledad. Más riesgo. Mientras tanto, los albergues están rebasados. La violencia, presente. El clima extremo, también. Y el Estado… administrando comunicados. LA PREGUNTA QUE NADIE QUIERE RESPONDER México puede ser país de asilo. Ya demostró que es posible integrar personas, generar empleo, recaudar impuestos y reducir tensiones sociales. Lo que no ha demostrado es voluntad política sostenida. La pregunta no es si los migrantes se quedarán. Ya se están quedando. La pregunta es si el Estado mexicano seguirá improvisando, violando derechos y alimentando el miedo social… o si, por primera vez, decidirá asumir la realidad que ya tocó la puerta y se quedó a vivir. Porque los países no colapsan por recibir migrantes. Colapsan cuando fingen que el problema no existe.