La violencia que viene (tercera parte)

La violencia que viene (tercera parte)

Sección: Al Fondo a la Derecha

Foto del autor
Publicado el 26/11/2025 — Por Teofilo Guerrero @teofiloguerreromanzo
En tanto que instrumento de trabajo, el esclavo tiene un precio. En tanto que propiedad, tiene un valor. Su trabajo responde a una necesidad y es utilizado. El esclavo es, por tanto, mantenido con vida pero mutilado en un mundo espectral de horror, crueldad y desacralización intensos. Achille Mbembe Necropolítica Una mujer sube con tres niños a la unidad, repleta, de la ruta 78, seguramente los lleva a la escuela por las mochilas que cargan con mucho esfuerzo. Apenas caben. Yo subo detrás de ellos, y les cuesta trabajo caminar entre toda la gente. No se pueden sostener, la unidad recoge más pasajeros, llega el momento en el que no es posible seguir subiendo más personas. Pero un grito del operador nos conmina a buscar espacio. No es posible, así que recibe gritos que este responde con un grito más fuerte, y luego un arrancón que hace que uno de los niños caiga al suelo. El nivel de violencia verbal va subiendo, y hace que los otros niños se estresen y griten, los pasajeros los miran con molestia. La mujer no puede más, de un tirón, muy violento, levanta al caído. La ciudad ya no es un lugar habitable, se ha convertido en un espacio de confrontación cotidiana que bien puede interpretarse como una enorme línea de producción, entonces uno entiende por qué se construyen torres de departamentos: las élites y sus imitadores más aplicados buscan alejarse de las bases que les dan sustento y razón de ser. Los gobiernos se limitan a gestionar lo básico para que la ciudad siga funcionando como sea, la línea de producción de neurosis no puede parar, el monstruo de concreto y acero necesita el cotidiano sacrificio humano para poder generar ganancias, en otros niveles, en otras dinámicas económicas, la línea de producción genera cadáveres, y detrás de cada bolsa negra, de cada fosa, hay un negocio que sostiene la vida de alguien, y por acumulación, sostiene la de esta ciudad, y la de quienes ganan siempre, sin perder nunca. Cuando se habla de seguridad pública lo primero que arroja el imaginario popular es un cuerpo policiaco bien armado, pero la historia reciente lo pone en evidencia, el nivel de represión y abuso de autoridad se refuerza sin que los índices de inseguridad disminuyan. Vivimos sometidos a un estado de violencia estructural (física, administrativa, política, racial, de clase, etc.) diversa, gradual, permanente, sistémica, continua, evolutiva y necesaria para el desarrollo de una sociedad efectiva. Lograr un capitalismo de “rostro humano” puede ser posible gracias a medidas paliativas durante algunos años, pero el devenir de las dinámicas financieras y productivas nos advierte que en cualquier momento es probable un retroceso en la mejora de la calidad de vida. No podemos ser tan ingenuos en pensar que el capitalismo, en cualquiera de sus formas, puede tener un futuro brillante, su deriva necesaria será el fascismo, lo estamos viendo ahora en vivo y en directo. La violencia es un elemento congénito de este sistema, podría decirse que, junto con la ambición, constituyen gran parte del alma de éste, sin violencia, no hay capitalismo, y sin personas que la sufran, tampoco.