La marcha de “la generación Z”: entre el enojo legítimo y la pelea por el relato
Sección: Opinión
Publicado el 18/11/2025 —
Por Marco Gutiérrez
@marcomx4t
EL RESULTADO REAL DE LA MARCHA
Lo que pudo haber sido la primera manifestación nacional ciudadana contra los resultados de la Cuarta Transformación —en siete años de gobierno—, terminó convirtiéndose en una discusión más entre derechas e izquierdas, sobre quiénes tienen la culpa en esta crisis de inseguridad.
Lo que pintaba para ser la primera marcha nacional de ciudadanos —y además convocada por jóvenes— para protestarle a la 4T, terminó siendo una movilización más del PAN, del PRI y de la marea rosa, con apenas un puñado de jóvenes sin partido entre los asistentes.
Un problema real, por el que deberíamos estar todas y todos los mexicanos preocupados y ocupados, termina diluyéndose así tan fácil en el debate mezquino de dos espectros luchando por el poder.
La causa más genuina por la que podría estar protestando el pueblo entero contra todos los políticos; de derechas e izquierdas, de ahora y de antes, de gobiernos municipales, estatales y federal, acaba desactivándose por el oportunismo de la misma clase política de siempre:
Por un lado, la derecha aferrada a intentar imponer su relato, en el que, según ellos, toda la culpa y la responsabilidad de la inseguridad en México es de la 4T; creyendo que con esto podrán ganar terreno en las próximas elecciones, omitiendo por completo la responsabilidad que tienen en los gobiernos municipales y estatales que encabezan, negando el hecho de que la ola de terror empezó con Felipe Calderón. Por el otro, la 4T siempre con su respuesta mecánica de que el PRIAN tiene toda la culpa por habernos heredado la crisis de inseguridad, olvidando que todo gobierno al tomar protesta se convierte en responsable de resolver el problema, pues para ello se supone que está asumiendo el cargo.
LA MARCHA, SU PROCESO Y SU COMPOSICIÓN
El detonante de la marcha fue genuino: el asesinato de Carlos Manzo. Un crimen que exhibió una vez más la penetración del crimen organizado en la vida pública, la presumible impunidad a la que se atienen y su capacidad de burlar al Estado. Un dolor nacional auténtico y la gota que derramó el vaso de una impotencia que llevamos acumulando las últimas dos décadas.
Pero la cronología de la convocatoria cuenta otra historia. Primero, la bandera de One Piece, un símbolo que comenzó a utilizarse en protestas juveniles de otros países, pero que aquí llegó más como estrategia de marketing político que como expresión orgánica de una generación. Los primeros llamados a marchar fueron espontáneos y dispersos, pero muy pronto ocurrió lo predecible:
Día 1: surge una convocatoria desde cuentas nuevas o con poca actividad previa; se viraliza rápido. Días 2–3: influencers opositores comienzan a impulsarla; medios tradicionales replican el discurso de “marcha juvenil”. Días 4–6: políticos de derecha se suman abiertamente; comienzan a aparecer videos editados, llamados al Zócalo y mensajes disfrazados de neutralidad. Días 7–10: se instala la narrativa de “marcha apartidista histórica de la generación Z”. El día de la marcha: todo el mundo sabía que ya era una marcha movilizada y convocada por la derecha.
La composición real de quienes salieron a marchar lo confirma. La mayoría eran adultos de clase media-alta, personas vinculadas a organizaciones opositoras, militantes tradicionales y simpatizantes del PAN. Los adultos jóvenes sin partido fueron la minoría. Y de la generación Z: jóvenes de preparatoria y universidad ¡ni hablar!
A esto se sumó la avalancha de desinformación que acompañó la marcha. Circularon videos falsos que aseguraban que la policía había disparado balas de goma (las imágenes eran de Chile en 2019); fotos manipuladas mostrando supuestos heridos en el Zócalo (varias eran de protestas en Colombia y Venezuela); imágenes generadas con IA de jóvenes ensangrentados; e incluso clips de supuestos incendios que correspondían a protestas de años anteriores. Imágenes de un supuesto Zócalo lleno con una manta gigante anti-morena, etc.
EL PROBLEMA ES MÁS IMPORTANTE QUE LOS PARTIDOS
México vive una crisis de inseguridad y violencia, que, siendo francos, no inició con la 4T. Sus raíces están en el narco Estado del PRI, y su punto de inflexión en la guerra de Calderón, esa que orilló a los grupos criminales a buscar otras fuentes de financiamiento ilícito para combatir la guerra. Pero también es cierto que después de siete años con la 4T, la inseguridad y la violencia no han disminuido, e insisto: todo gobierno es responsable de solucionar los problemas públicos que tiene la sociedad a la que está gobernando; para eso se propuso para gobernar, para eso lo votó el pueblo.
La discusión nacional y el debate público deben dejar de girar en torno a si la culpa es de Calderón, de la 4T o del neoliberalismo. La responsabilidad es de todas y todos. No la culpa. La responsabilidad de unirnos a buscar soluciones. Todos son todos: gobiernos municipales, estatales y federal; partidos de todos los colores; empresarios; instituciones religiosas; y ciudadanía en general.
Si algo nos deja como enseñanza la marcha del 15 de noviembre es que la polarización y el oportunismo político están impidiendo que México construya su solución, su respuesta colectiva.
Óiganlo bien: esta crisis no va a ser derrotada por un partido, la única forma es que la enfrente el país entero.
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