La “Generación Z” de oposición: una marcha cara, una movilización fallida
Sección: Opinión
Publicado el 28/11/2025 —
Por Raúl Barajas
@BarRaul
La reciente convocatoria a una marcha bajo el lema “Generación Z México” ha dejado al descubierto más que un despliegue mediático: ha expuesto una estrategia política bien financiada, pero con resultados raquíticos. Detrás del discurso juvenil y apartidista, se pretendió esconder una operación de la derecha reaccionaria para reforzar sus filas con aire nuevo, pero al final, la caravana pública estuvo, sobre todo, compuesta por quienes ya han protagonizado otros movimientos opositores, como Frena, la “marea rosa” o los “defensores de la Corte”.
MILLONES GASTADOS, POCOS JÓVENES VERDADEROS
Según el gobierno y el coordinador de Infodemia Miguel Ángel Elorza, la movilización fue alimentada por una campaña digital de más de 90 millones de pesos en un lapso aproximado de mes y medio, en la cual se utilizaron aproximadamente a 8 millones de bots para posicionar la marcha y lineamientos ultra reaccionarios.
Infodemia denuncia que detrás de esa inversión está la participación de influencers opositores, empresarios de ultraderecha (como Ricardo Salinas Pliego) y redes internacionales de propaganda conservadora, como Atlas Network.
Toda esta estrategia buscaba dotar al movimiento de una apariencia genuinamente juvenil, espontánea y apartidista, pero diversos medios y analistas advierten que su naturaleza es todo menos orgánica.
¿DÓNDE ESTABAN LOS JÓVENES?
Paradójicamente, la marcha que proclamaba ser obra de la generación Z reunió (según reportes de medios como El País), alrededor de 17,000 personas en Ciudad de México, pero la mayoría tenía más de 30 años. Esto confronta directamente la narrativa de que se trata de una movilización predominantemente juvenil.
Además, El Financiero documentó que se vieron más adultos mayores y opositores tradicionales que jóvenes verdaderos: sombreros de paja, símbolos historicistas y figuras vinculadas a movimientos políticos conservadores, más que nuevos ciudadanos activados por el hartazgo.
EL DISCURSO MANIPULADO Y LA CONTRADICCIÓN “APARTIDISTA”
A pesar de que el propio movimiento dice que no pertenece a ningún partido, las acusaciones sobre actores de derecha no se hicieron esperar. Morena, por ejemplo, denunció que varias figuras políticas tradicionales intentaron “montarse” sobre la marcha, aprovechando el nombre de la juventud para favorecer sus intereses. Por su parte, medios como Turquesa News han documentado vínculos entre la convocatoria y servidores web o cuentas vinculadas a exlegisladores de partidos como el PRI.
También se ha apuntado directamente a financiamiento empresarial: Claudio X. González, entre otros, es señalado como uno de los principales promotores detrás de la movilización. Según informes, parte de los perfiles digitalmente activos fueron reconfigurados para replicar mensajes opositores y amplificar la marcha en redes.
EL RIESGO REAL: MANIPULACIÓN DIGITAL
Lo que llama particularmente la atención es cómo se ha combinado desinformación digital, creación de cuentas nuevas en redes, producción de contenido emocional (videos, mensajes con IA) y campaña mediática convencional para construir una narrativa juvenil.
Este fenómeno no es aislado. Investigaciones académicas han documentado cómo los social bots pueden influir significativamente en la conversación digital durante protestas. En el contexto mexicano, estos mecanismos digitales pueden distorsionar gravemente la percepción pública del movimiento, especialmente entre jóvenes vulnerables que se movilizan con indignación auténtica, pero pueden estar siendo usados por intereses mayores.
MÁS DISCURSO QUE SUSTANCIA
Los promotores del movimiento han esgrimido como bandera la indignación ante la inseguridad, la corrupción y la violencia (problemas reales y graves en México). Pero al mezclar todas estas causas con el asesinato del alcalde Carlos Manzo, su narrativa se volvió un rompecabezas ideológico: jóvenes verdaderos que se sienten identificados con la injusticia, pero también actores oportunistas tradicionales que usan esa indignación para sus fines.
Al final, lo que quedó claro es que la convocatoria no generó una movilización juvenil contundente: sus números fueron más reducidos que en otras marchas opositoras previas, y su base no fue realmente la juventud Z sino opositores veteranos. Tal como se argumentó desde un principio, parece que el discurso de “Generación Z” terminó siendo una pantalla para una operación política tradicional.
EL FUTURO DEL DISCURSO “Z”
Es muy probable que esta estrategia, costosa en recursos mediáticos y financieros, no se repita con la misma intensidad. Invertir 90 millones de pesos para una movilización que no logra movilizar auténticamente a los jóvenes más jóvenes parece un gasto de alto riesgo y bajo rendimiento político. Quienes movieron semejante maquinaria sabrán bien que la “Generación Z” como discurso podría desinflarse en pocos meses.
En seis meses, es muy probable que las noticias ya no hablen de Carlos Manzo ni de esta marcha. Los medios y la oposición cambiarán al tema que les sea más conveniente en ese momento, tal como han hecho tantas veces antes. Lo que hoy se presenta como una rebelión juvenil podría terminar siendo solo una operación más: efectiva para generar titulares, costosa para quienes la financiaron, pero poco transformadora para la juventud a la que supuestamente representa
En conclusión, la marcha de la “Generación Z” destinada a desafiar al poder no fue más que una operación de la vieja derecha maquillada con discurso joven. Millones invertidos, bots operando, influencers y empresarios de ultraderecha detrás: todo para proyectar una imagen que no se corresponde con la realidad en las calles.
El llamado “movimiento juvenil” terminó siendo un espejismo caro. Su fracaso organizativo y de convocatoria revela que la táctica de “usar a los jóvenes” como bandera política tiene límites cuando no se construye desde abajo, con bases reales. En lugar de un impulso de renovación, lo que se impuso fue una estrategia oportunista de siempre, vestida con la supuesta energía de la Generación Z.
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