Gobernar desde cero.

Gobernar desde cero.

Sección: El Gobierno de la 4T

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Publicado el 05/01/2026 — Por Cesar Zavala
Es un problema de operaciones, de gestión, de administración, pues. Y con él, el elemento de la designación por meritocracia política. Es un problema común a todos los gobiernos. Ese fue el problema del descarrilamiento. Lamentablemente, la realidad es más compleja que simplemente echar culpas a corto plazo. Muchos factores intervienen en los accidentes. Pero lo que sí se puede sospechar con plena legitimidad racional es que la supervisión y la prevención fallaron. El mecanismo organizativo destinado a revisar constantemente la operación no fue suficiente, pues el hecho aconteció. Ahora bien. La cuestión tiene una profundidad interesante en términos del efecto de la autodefinición de la primera persona política. Algunos creen que criticar a la 4T por esto los hace traidores; otros, que no criticarla nos convierte en aplaudidores sin criterio. Mesura, pienso yo. En principio debemos fijar muy quirúrgicamente qué se debe criticar y qué consecuencias tienen las críticas desbocadas. ¿El hecho pone a temblar por completo la confianza que tenemos en la totalidad de la entidad que significa la 4T, o sólo en algunas partes concretas con nombre y apellido? Por ejemplo. Es evidente y lo hemos estado señalando desde el principio de la 4T, que cuando la transformación llegó, tuvo que echar mano de los trabajadores que ya se dedicaban a la administración pública. En la mayoría de las secretarías se tuvo que reciclar casi al 70 % de sus trabajadores (que, por supuesto, venían del PRIAN). Paco Ignacio Taibo II lo resume en una frase que dice más o menos así: teníamos una escasez tremenda de administradores y muchos buenísimos militantes, pero sin experiencia o talento en la ejecución de las tareas que implican gobernar. Luego entonces lo que ha habido a nivel federal sobre este problema de la escasez de directivos es algo muy ilustrativo y digno de recordar para toda filosofía de la administración (general o pública), y ese es el caso de Julio Scherer Jr. Cuando AMLO se dio cuenta que aquel hizo de su puesto (la mano derecha de la presidencia en litigios de alto impacto) un tremendo negocio, lo canceló al término de la mitad del sexenio (a mitad del camino, diría Andrés Manuel). Lo despidió en una mañanera con altos honores (en honor, por supuesto a los grandes favores y la amistad de su padre) pero con una indudable muestra de ejercicio del poder y de dura eficiencia. Para muchos fue un golpazo que puso a temblar hasta al mismísimo Monreal. Este caso ilustra cómo se deben pagar las deudas con quienes te han favorecido en el pasado y ayudado a llegar al poder, pero a su vez, que el límite de la gratitud es la efectividad y la eficiencia. Que el poder no nos pertenece a nosotros como personas que tenemos el encargo, sino que es del país, y frente a éste, el pueblo, se deben siempre saldar las cuentas. Eso indudablemente debe suceder con toda la administración ferroviaria, deslindar responsabilidades de manera pronta y expedita y por supuesto sancionar a quienes sean los responsables en este trágico suceso. Ahora bien, ¿qué pasa con el neutralismo tóxico y el mamador de izquierda? Pues que le tiran a la 4T como si toda, absolutamente toda la entidad que compone a la 4T haya sido la culpable, y con ese tremendo dejo de superioridad moral que los caracteriza salgan a escupir: se les dijo. A ver, seamos sinceros. Esos neutralistas tóxicos en su vida han tenido que gestionar nada, ni dirigir nada. Son exquisitos en sus críticas lapidarias a la vez que son tremendamente huérfanos de experiencia administrativa. Así que, por favor, antes de emitir su crítica responda a la pregunta: ¿cómo hubiera usted resuelto el problema de la falta de directivos y mandos medios efectivos? ¿Se puede gobernar desde un absoluto cero, acaso? Por supuesto, de la derecha no hace falta decir nada. Es evidente que ellos cuando gobernaron se dedicaron a minimizar las tragedias y encubrir a todos sus amigos responsables. Así que no, no tienen cara alguna con qué salir a pedir institucionalidad y transparencia. Es decir, si a términos de eficiencia vamos, ¿cuántos trenes lograron construir ustedes en sus más de 30 años de neoliberalismo? Nomás para empezar. Calladitos entonces, please.