Cuando la democracia no basta

Cuando la democracia no basta

Sección: Geopolítica

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Publicado el 23/12/2025 — Por Teofilo Guerrero @teofiloguerreromanzo
Gabriel Boric se coloca frente a la cámara, de pie, y con el cuadro de un prócer a su espalda, toma el teléfono y felicita a José Antonio Kast, aquel que lo llamó “mal presidente”, “travesti político”, fiel a la soberbia insultante de la gentuza de ultraderecha. Pero Boric es un caballero, de pie, con el teléfono al oído, mientras Kast permanece sentado como un Señor y fiel a su linaje, detrás de un escritorio, como la imagen institucional con la que Donald Trump se presenta al mundo. Con la actitud cortés y amable de Boric y la candidata del oficialismo, Jeannette Jara, frente a un declarado seguidor de Pinochet y negacionista de la violencia de la dictadura, en Chile, la izquierda perdió dos veces. Viendo esto me viene a la cabeza la imagen del futbolista francés, y nieto de exiliados españoles, Eric Cantona golpeando a un fascista y declarando después: "Patear a un fascista es lo mejor que hice en toda mi carrera". El talante diplomático, tanto de Jara como de Boric, se suma a la postura de los medios, de algunos académicos e intelectuales, y hasta de organismos internacionales: normalizar el rol y la actitud de la ultraderecha como si esta fuera una opción más de la baraja democrática, en un sistema liberal en el que la derecha y la ultra derecha se encuentran a sus anchas: con sus reglas, sus medios, sus recursos, y ahora también con sus narrativas antisistema para ganar elecciones vomitando sobre el modelo que ellos mismos crearon, y al que invitaron a la izquierda después, y que ahora ésta se traga el cuento de que es una competencia pareja y de caballeros, cuando en la ultraderecha no hay uno sólo. El candidato natural de la izquierda en Chile era Daniel Jadue, un comunista que trabajó desde la base, y que como alcalde de la localidad de Recoleta había construido una trayectoria sólida con iniciativas populares y comunitarias, lo que le valió el reconocimiento más allá de la izquierda política, compitió con Gabriel Boric en las elecciones primarias de 2021, de hecho llegó a estar en una buena posición en las encuestas, pero Boric terminó siendo el candidato, y a la postre llegaría a la Presidencia del País Andino. Jadue enfrenta desde hace años una causa penal por estafa, que según el análisis realizado por expertos jurídicos es un claro caso de lawfare, incluso recientemente quinientos juristas de todo el mundo han firmado un manifiesto en el que expresan lo siguiente: “Exigimos el inmediato restablecimiento del Estado de Derecho, el fin del uso indebido y políticamente instrumental del sistema judicial, y la liberación inmediata de Daniel Jadue” Cabe mencionar que tanto Gabriel Boric como Jara se distanciaron del caso alegando una “postura institucional”, abandonando a su suerte al ex Alcalde de Recoleta. Las lecturas y las lecciones que nos deja la llegada de un soberbio ultraderechista como Kast a la presidencia de Chile pueden ser muchas. Creo que la más importante es la de sobrevalorar la vía de las elecciones, y sobre todo confiar demasiado en el trabajo político desde el espacio del poder constituido, dominado por élites políticas y económicas —un contexto cómodo para las derechas latinoamericanas—, subestimando el trabajo de base, o no confiar demasiado en éste, y restar importancia a la siembra y creación de una nueva conciencia colectiva. Las izquierdas en América Latina tendrán que sentarse a pensar en eso que Álvaro García Linera llama: la potencia plebeya, o la fuerza colectiva de la transformación, porque es obvio que no pueden seguir dándose de cabezazos contra la pared intentando llegar al poder, que no a la transformación radical de la realidad, solo por la vía del voto, al que nunca podemos contar como un sinónimo de la vía democrática.